Te tensabas
como un pequeño animal en peligro,
eras un único sueño inquieto.
Solía cubrirte
a veces
con palabras
a veces
con silencios pesados como nubes de agua.
Tal vez te mecías
en la palma de mi mano
y te volvías un temblor sofocado,
una caricia sombría y pálida.
Era entonces cuando.
Hace noches. Hace siglos.
